Sembrar Esperanza (Semear Esperança)

Por Ruth Padilla-DeBorst
Febrero 2009

Hacer teología es sembrar esperanza cuando las torres se desmoronan ¡Nada podía estar más lejos de la intención de aquel profeta que sentarse tranquilo a reflexionar y escribir! ¿Cómo hacerlo cuando por fuera golpeaban los feroces clamores y por dentro latigaban las preguntas sin respuesta? “¿Hasta cuando, Señor?”, es el grito de su ser atormentado. “¿Por qué me haces presenciar calamidades… veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Se entorpece la ley y no se da curso a la justicia… las sentencias que se dictan son injustas… ¿¡Hasta cuando!?” Reclama respuesta y acción concreta, YA!

Es que hay guerras y rumores de guerra. Hay abusos de todo tipo. Los fuertes hacen de su fuerza un dios y arrasan con todo lo que encuentran a su paso… Los poderosos adoran a todo aquello que les afirma su posición privilegiada. Y a su vez, para perjuicio siempre de los más débiles, las torres del comercio y las seguridades económicas del pasado se desmoronan.

¿Pensar, estudiar, escribir? ¿Cómo, en medio de todo ello? ¿Sería siquiera posible uma acción tan deliberada de calma y concentración? ¡No puede ser esa la respuesta de Dios a tal crisis! ¡Seguramente hay tareas más heroicas! El profeta está listo para la acción.

¡Pero reflexionar y escribir! ¿Cómo encaja eso con los planes grandes y gloriosos de Dios de darse a conocer en toda la tierra?

Aún así, la voz del Señor llega clara e ineludible a Habacuc: “Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido”.

Dios responde, no con recriminaciones por la impaciencia del profeta ni con fórmulas mágicas para que escape de la realidad o pare de sufrir. Responde con un llamado. Le asigna una tarea. En medio de la turbulencia de su contexto, el profeta debe escribir.

“Y la tuya”, le dice Dios al profeta, “es una tarea detallada y rigurosa. El mensaje debe resaltar claramente en las tablilla”. La del teólogo, la profesora y escritora cristiana no es tarea para realizar a las apuradas, con dejadez o indiferencia. Es una tarea que demanda atención y responsabilidad. Y debe expresarse en el lenguaje del pueblo. Es que debe poder leerse “de corrido”.

Hacer teología no es tarea encerrada en sí misma. No es mera elucubración personal para catarsis o entretenimiento de la autora. Tampoco crea abstracciones elitistas. Es tarea em función de otras personas. Debe comunicar la visión. Debe apuntar hacia un norte. Debe expresar la verdad de Dios, de la persona humana, de nuestro mundo, de la gracia y La justicia divina en forma entendible, accesible a quien recurra a ella.

La tarea de quienes hacemos teología es la de revelar la verdad que podría pasar desapercibida entre el alboroto y el exceso, la violencia y el orgullo de los pueblos. Al profeta le toca enmarcar el cuadro de la realidad presente, ubicándolo en su contexto de significación eterna.

Porque el mensaje que debe registrar en palabras escritas es un mensaje de absoluta y eterna importancia. El pueblo debe saber la verdad sobre la obra de Dios. Dios interviene en la historia humana para hacer visible su amor. No le es indiferente el devenir humano.

Participa ya, aun mediante naciones extrañas a su pueblo. Participa ya, recordando a su pueblo que su relación contractual demanda expresión más allá del templo y los formalismos religiosos, en las relaciones laborales, en la actitud frente a los bienes materiales, en la paz que es fruto de la justicia.

Y participará en forma todavía más plena en el futuro a pesar de todos los indicios que podrían hacerles titubear al profeta y al pueblo: “Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; Marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse.

Aunque parezca tardar, espérala;Porque sin duda vendrá” (Habacuc 2.2-4)

Hacer teología es sembrar esperanza. Exige caminar con los ojos bien abiertos y sentir em carne propia el impacto de la injusticia, el dolor de la violencia. Pero no se queda allí.

Hacer teología también supone alzar la vista, expandir el horizonte y despertar uno y a otras personas del sopor, el dolor y la desesperanza. Implica pregonar insistentemente que hay propósito para la existencia humana porque Dios, en su soberanía, también es Dios de compasión, que levanta a los caídos y nos hace caminar en las alturas. Y porque, no importa cuan nefastos sean los pronósticos, Dios cumplirá los propósitos para los cuales creó todo lo que existe. Sin duda alguna, hará nuevas todas las cosas, mediante Jesucristo.

Llegará el tiempo en que toda la tierra será llena de su gloria porque todo será nuevamente bueno.

Dios tiene la última palabra. Y el mensaje del profeta es mensaje de vida en tanto afirme esa verdad e invite a sus lectores, estudiantes, o membresía a caminar en fe haciendo eco a Habacuc, en medio de las circunstancias desconcertantes de la vida : “Aunque La higuera no florezca, ni haya fruto en las vides, aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!”

Que nuestra reflexión, nuestro estudio, nuestra enseñanza, nuestra labor pastoral y nuestra producción escrita, sean portadoras del mensaje de vida. Para la gloria de Dios. Amén.
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